He eliminado mi cuenta de Menéame, Findeton. Llevaba allí desde 2006: veinte años. La cerré porque me cansé de recibir strikes por opiniones políticas y de tener que discutir con los moderadores por correo para poder seguir participando.
Que muchos de los que comentaban fueran de izquierdas me daba igual. Era parte de la diversión. Me gusta discutir con gente que piensa distinto, leer sus argumentos y responder. Los desacuerdos y los negativos entran dentro de lo esperable. Lo que terminó por quitarme las ganas fue que la moderación convirtiera esas discusiones en sanciones.
La gota que colmó el vaso fue un comentario en un hilo sobre el «internet socialista» de Salvador Allende. La frase que recogí en mi reclamación del 25 de agosto de 2026 era esta:
El golpe estaba justificado pero lo que le siguió no.
Mi posición era que el levantamiento contra Allende me parecía legítimo y que estaba en contra de la dictadura de Pinochet que vino después. Se puede discrepar de esa distinción, discutirla o considerarla equivocada. Por ese comentario me banearon por «incitación al odio».
Lo discutí por email con los moderadores. El 26 de agosto, uno de ellos me respondió que lo interpretaba como una justificación de la destrucción violenta de un sistema democrático y que, «de ser reportado, iba a ser incitación al odio sí o sí». Mi rechazo de la dictadura posterior no cambiaba su criterio.
Para mí, eso confirmó el problema. En Menéame había leído multitud de comentarios favorables a revoluciones y levantamientos, incluida la Revolución de Octubre en Rusia. Sin embargo, mi opinión sobre el levantamiento contra Allende merecía un baneo. Esa es la doble vara que percibía: unas valoraciones políticas formaban parte del debate y otras se castigaban como odio.
También había aprendido que decir que el nazismo y el comunismo son la misma mierda podía costarte un strike. Los correos de marzo y mayo de 2025 recogen otra discusión de ese tipo: me sancionaron por vincular el nazismo al socialismo. En mayo reclamé por haber escrito «Visión alternativa: el nazismo es socialismo», acompañado de un vídeo que defendía esa tesis. La moderación lo consideró un bulo y mantuvo la penalización. Mi queja era que una discusión ideológica e histórica se resolviera a base de strikes.
El cansancio venía de lejos. En un correo del 1 de enero de 2021 ya les decía que tenía que andarme con demasiado ojo para evitar sanciones. También hubo rectificaciones: el 2 de agosto de 2026 reconocieron que otro ban había sido un error y me dijeron que lo anulaban. Pero tener que reclamar, insistir y esperar una revisión tampoco es mi idea de pasar un rato entretenido en una web.
De una empresa que vive de la participación de sus usuarios espero unas reglas claras y un mínimo de imparcialidad al aplicarlas. Sus moderadores pueden tener las ideas políticas que quieran. Lo que yo percibía en sus decisiones era un criterio ideológico que dejaba cada vez menos espacio para opiniones como las mías.
Al final, cada comentario venía acompañado de la duda de si me iba a caer otro strike. Después tocaba escribir a moderación, explicar lo que había dicho y discutir sobre la sanción. Se había convertido en una pérdida de tiempo.
El 26 de agosto les confirmé por correo que había borrado la cuenta. Entraba en Menéame para comentar y discutir por gusto. Cuando dejó de compensarme, después de veinte años, decidí irme.